Hay un viejo dicho que dice, La prisa nunca ha sido buena consejera, seamos perseverantes y busquemos ese éxito; haciendo las cosas bien y esperando, llegará a nosotros, seguro.
Sensei dice: Ser Hombre es fácil, Ser un Hombre es difícil.

El que hace una pregunta parece tonto cinco minutos, el que no la hace, es tonto toda la vida.

No temas ser lento, solamente teme estar parado.

La puerta mejor cerrada es aquella que podemos dejar abierta.

Para ser inteligente toda la vida, es necesario ser estúpido un instante.

El que se hace el burro, no debe extrañarse que los demás se lo monten encima.

No des un paso adelante, pero nunca te quedes atrás.

Por más aguda que sea la vista, jamás podremos vernos la espalda.

Más vale las críticas de uno solo, que las aprobaciones de miles.

El agua vertida es difícil de recuperar.

Diferencias entre competición y tradicional

El Artista Marcial practica desarrollando el espíritu (dentro del movimiento) para defender la vida. El deportista, mediante el movimiento busca el resultado que generalmente es el puntaje.

Un Instructor deportivo no pasa de entrenador o Técnico. Uno de Arte Marcial llega a ese estado de maestría en un Arte, conoce la técnica de la autodefensa. El Arte es una actividad espiritual.

El objetivo del Arte Marcial, no tiene límites de edad. Cuando más se lo practique más se perfecciona el carácter y el espíritu. En cambio el objetivo del deportista es el alto rendimiento, mientras el físico de hasta una edad determinada.

Arte y Salud

La práctica del Karate-Do Tradicional, ofrece varias y exclusivas ventajas para la salud de quien lo practica, como el cuerpo pone sus propios límites, las lesiones o dolores resultan poco frecuentes, en el entrenamiento se trabaja la totalidad del sistema muscular, pero sin estimular un desarrollo singular de los mismos ni muy marcados.

La cantidad de repeticiones y la escasa resistencia en el entrenamiento genera una musculatura más larga y flexible que la que se consigue con los ejercicios con pesas, por ejemplo.

El énfasis en los giros del torso y la ejecución de patadas, hacen que la zona abdominal sea firme y bien musculada, la elevación de los miembros inferiores que precede casi todas las patadas, logran desarrollar la parte lateral del torso y los músculos internos de los muslos.

Por otra parte, al involucrar movimientos para la totalidad del cuerpo, favorece la oxigenación del corazón y los pulmones, produciendo los siguientes beneficios:

  • Ayuda a trabajar en forma eficiente.
  • Hace a las venas y arterias más flexibles.
  • Se duerme y descansa mejor.
  • Aumenta los glóbulos rojos y la hemoglobina.
  • Hace más sanos los tejidos musculares al proveerlos de una mayor dósis de oxígeno.
  • Otorga fuerza muscular.
  • Da una energía dinámica, habilidad para practicar un deporte con vigor.
  • Habilidades de desplazamiento.
  • Flexibilidad de articulaciones, músculos y ligamentos.
  • Visión periférica.
  • Concentración y habilidad para evitar distracciones.

Todas estas ventajas lo recomiendo para hombres, mujeres y niños, así mismo, ofrece los beneficios de autodefensa y la satisfacción de dominar una forma de arte antiquísimo de Karate-Do Tradicional, puede convertirse en una disciplina que deje en los “Niños” unas sanas huellas para toda su vida.

VIOLENCIA EN EL DEPORTE INFANTIL

“Mente sana en cuerpo sano” es un viejo proverbio griego, que en mucha de las experiencias de nuestros niños y niñas parece no cumplirse.

El deporte para muchos de ellos es una instancia con alto riesgo de lesionarse mental y físicamente, es una experiencia donde se violan los derechos del niño a muchos niveles, que se suman a los factores asociados al incremento de nuestros problemas sociales entre ellos: las enfermedades psicosomáticas, las enfermedades “mentales” y la violencia.

El deporte es una actividad placentera que se realiza sistemáticamente con el objetivo de recrearse, motivarse y alcanzar una meta.

En muchas situaciones se podría definir que para nuestra niñez el deporte es una actividad angustiosa que se realiza obligatoriamente y que genera una gran tension, desánimo y frustación en cosecuencia de las metas.

Algunas razones que hacen del deporte una actividad más estresante que lo necesario y de alto riesgo son: el énfasis en la competitividad, ignorancia de los principios humanos y científicos que le rigen, las expectativas equivocadas y el lenguaje con el que se comunican tanto protagonistas como espectadores del evento.

Se dice que lo importante es competir, pero todos sabemos que eso es una falacia, que lo primordial para mucha gente verdaderamente fanática del deporte es ganar cueste lo que cueste, obtener la victoria.

Este último parece ser el mensaje que muchos padres, madres y entrenadores les brindan a sus hijos.

En este aspecto la reestructuración cognoscitiva frente a la frase disonante de “lo importante es competir” debe ser “Lo importante es esforzarse, aprender y disfrutar”. Los niños y niñas se insertan en el deporte no para ganar sino para conocer formas de dar el máximo.

La función social de esta experiencia debe ser Pedagógica antes que Competitiva.

Esto significa que los jóvenes deportistas se superan mediante la implementación de técnicas físico-mentales que mejoren el rendimiento, si se gana bien, si se pierde, se aprende. De esta forma la tensión que en sí misma trae la competencia, se aminora, cuando el mensaje que se le da al participante es “Te amo, no importa los resultados”. La persona es más importante que el producto final de la jornada cuando la meta es dar el máximo, tampoco es un permiso para lesionar o atropellar, ni siquiera mentalmente al individuo, las heridas a la autoestima sobre todo en la niñéz y la adolescencia, suelen ser más difícil de sanar que las físicas. En torno a la ignorancia que rigen los principios humanos y científicos del deporte infantil, el primero es la recreación y protección del participante. Otra de estas pautas giran en entorno a la edad, sexo y condición del niño o niña.

Karate-Do

Los términos Kara (vacío) y Te (mano) tienen un significado que va más allá de la mera idea de “manos vacías”, como sinónimo de lucha sin armas, para introducirnos dentro de la presunción del estado de ánimo necesario para su práctica, con una liberación mental sobre el mundo exterior imprescindible para mantener un “vacío de egoísmo y maldad”. La escuela ofrece gran calidad de ejecución, conjuntamente con la presencia de niños y adultos de ambos sexos, algunos próximos a la tercera edad, que son pruebas evidentes de que la práctica de Karate-Do no está vedada por razón de edad o sexo, sino que es accesible a cualquier persona que se acerque a él con espíritu abierto.

La escuela procura pormenorizar los principios básicos, para los cuales se inicia la enseñanza con las posiciones fundamentales, se expone a continuación las técnicas de paradas o defensa y los primeros ataques de puños, para seguir con movimientos de piernas y combinaciones de ambos utilizando el trabajo por parejas presenta una progresión que alcanza desde sus inicios básicos en el shizen-tai hasta los modernos estudios sobre alta competición, de carácter netamente deportivo, pasando por los clásicos ippon kumite, sambon kumite y jiyu-kumite, los kata, alma del progreso en el Karate-Do constituyen un tema fundamental, tanto a nivel básico como superior, aportando un camino de aprendizaje insustituible.

El Maestro

En la sociedad actual, el maestro, profesor o educador, de artes marciales cubre unos objetivos sociales, culturales y de personalidad muy amplios, su relación con el alumno debe ir mucho más allá de la preparación física y técnica, lenta y serenamente, sirve de guía en el área psicológica y social para contribuir con su enseñanza en el desarrollo integral de la personalidad psicosomática del alumno. La formación de un maestro no aparece por generación espontánea. Precisa de largo tiempo de vocación profunda, acumulando experiencia sobre experiencia en su larga etapa de dedicación, primero como alumno con la práctica personal y constante hasta dominar con rigor y profundidad el arte marcial, sigue después el perfeccionamiento y la aportación personal a través del estudio, la investigación y el trabajo con los grandes maestros, y finalmente adquiere la ciencia pedagógica con la dedicación y entrega a la enseñanza.

El alumno

Enraizado en los más primitivos instintos de la vida animal, vemos como el hombre necesita una atención mayor que el resto de los sères vivos para nacer, crecer, desarrollarse y finalmente morir.

En cada una de estas etapas el aprendizaje es constante aunque el orden de importancia se vea màs acentuado en los primeros.

El aprendizaje a través de la familia, la sociedad y la propia experiencia y personalidad, juega un papel decisivo en la formación integral de toda persona, la naturaleza, en el mayor de los casos, influye vivamente en la elección del camino a seguir en caso de la duda.

Si quisiéramos analizar las motivaciones que impulsan al hombre a la práctica de un Arte Marcial en la sociedad moderna, vemos que se precisaría de una investigación de psicología social de largo alcance para poder ofrecer unos datos fiables y objetivos, no obstante, la experiencia nos demuestra que, a grandes rasgos, estas motivaciones se podrían englobar en tres grupos, formativos, recreativos y creativas, aunque precisando más nos damos cuenta de que estos tres grupos quedan reducidos a uno solo, que tiene sus raíces en la necesidad primaria del hombre de relacionarse y comunicarse con sus semejantes.

Esta relación, a su ves, estará condicionada a la edad, al sexo y a la personalidad tanto del educador como el educando.

En el esotérico y enigmático mundo de las Artes Marciales, la relación del alumno con el Maestro adquiere trascendental importancia, el respeto, la confianza, y la estima que se profesan es mutua, llegando a alcanzar niveles propios de alto grado de madurez característico de una sociedad jerárquica y humana, lo cual forma la piedra angular sobre lo que se asienta la práctica de cualquier Arte Marcial.

En una Escuela de Artes Marciales, el alumno tiene una doble función, facilitada por los diferentes grados de conocimientos reflejados en el color del cinturón que ciñe, una de aprendizaje a través de los grados superiores, y otra de la docencia hacia los grados inferiores, la cual cumple con agrado al sentirse incorporado como pieza válida a una corriente de conocimientos, en la que da y recibe simultáneamente, enriqueciéndose en el constante fluir del aprendizaje.